Me gusta escuchar buenos días en euskera

«¡Buenos días! ¿Cómo estás hoy?». A Sebastiana Amonadarain le gusta escuchar todas las mañanas el saludo de siempre. La amezketarra aprendió a hablar euskera desde pequeño y cuando está a punto de cumplir 90 años Ama Kandida está en casa. Allí habla en euskera con sus cuidadores y amigos. Entre ellos se encuentra Juanita Satarain, nacida en Urnieta. Esto también tiene más de 80 años y reconoce que «en nuestra casa aprendimos euskera y hasta que fuimos a la escuela, siempre hablábamos en euskera. En la escuela cambiaban las cosas porque no estaba bien visto hablar así, pero en casa no nos podían negar lo que era nuestro y después yo siempre he utilizado el euskera. No tengo problemas para hablar de castellano, pero yo sigo manteniendo la mía».

En todas las residencias de ancianos de Kabia Gipuzkoa, los responsables de la misma están realizando un gran esfuerzo para garantizar el derecho de sus usuarios a recibir atención en euskera. La de Andoain es una de ellas. Juanita y Sebastiana Ama Kandida viven últimamente en la residencia y dicen que están «contentos». «Los trabajadores nos hablan en euskera. No tenemos problemas con ello y me alegra que sea así». Según Sebastián, «me gusta hablar en euskera y me siento más cómodo cuando lo hacen. Siempre he hablado en euskera en mi casa y aquí también, saludar todas las mañanas en euskera da alegría». No requiere mucho Sebastiana. Eso sí, la amezketarra tiene claro que «cuando vengan con vestidos alegrar el ambiente de la residencia, estaría bien que también cantaran canciones viejas en euskera». El responsable de la residencia está presente y le promete a Amondarain que lo recordará.

Como dice el proverbio «Ume jaio eta ume egin», los que saben euskera desde niño dicen que a la hora de envejecer también hablan euskara, aunque les acompañen.

Además, los cuidadores que trabajan con ellos aseguran que «los euskaldunes agradecen hablar en euskera». Marijo Erasun, trabajadora de la residencia Ama Kandida, así lo asegura. «Recientemente tuvimos en nuestra sede a una mujer que en sus últimos años hablaba exclusivamente en euskera. Aunque tú hablabas en castellano, ella te hablaba en euskera y, aunque quedaba claro que entendía lo que decía, la mujer, por vuestra demencia, te respondía en su lengua de origen».

Es su derecho

La misma Erasun también es euskaldun zaharra «lo aprendí en casa antes de empezar a estudiar. Luego estudié también en castellano para trabajar en la residencia». Marijo lleva años trabajando en la residencia de ancianos de Andoain. Dice que «los usuarios de nuestra residencia agradecen mucho cuando les hablas en euskera y creo que merecen la pena. Creo que es su derecho a ofrecerlas en el idioma que deseen. Desde el respeto que tenemos que guardar es justo que se hagan con ellos en el idioma que saben desde pequeños».

Como añadió Andoain, «a los vascos les hablo en euskera, como a los castellanoparlantes les hablo en castellano». Erasun obtuvo el certificado B2 organizado por la Diputación el pasado curso. Con esto, de alguna manera, se medía el nivel de euskera de los trabajadores, aunque no estén homologados, pero consideran que es un «reconocimiento» a su favor.

Ariane Lertxundi también es cuidadora de Ama Kandia. Alguna vez ha tenido que oír la palabra «caso», pero a ella le gusta más cuando le dicen que es dialecto. «Yo soy así, euskaldun zaharra. Nací en una familia euskaldun en Villabona y cursé mis estudios en euskera, así que mi primera palabra la hago en euskera. Para los que no saben hablar en castellano no tengo ningún problema, pero intento hacerlo en mi lengua con los que entienden en euskera».

Aunque algunos llamen 'casera', entre los usuarios de la residencia también hay gente que ve bien que Ariane sea un auténtico peto vasco. «Porque les da confianza o alguien te dice: «tú eres vasco. Ven a ayudarte porque tú hablas en euskera». Creo que hablan más tranquilos, les da confianza hablar en euskera. Con ellos, por supuesto, hablo en euskara, porque ellos lo piden».

El bilbaino también habla en euskera con sus compañeros de trabajo, pero «hay quien tiende a hablar en castellano, pero yo tomo el comportamiento de los hermanastros con ellos y les hablo en euskera. luego me responden en el idioma que quieran». Lertxundi también obtuvo el certificado que acredita el nivel B2, aunque ya tenía el nivel, pero como dice lo importante es “hablar con los que saben, porque es su derecho y los que están en nuestra sede también merecen la pena y no es tan difícil”.

Para estar más cerca del euskera

Feli de Castro también lo considera Ariane. Feli trabaja en Tolosa, en la residencia de ancianos Yurramendi. Él es euskaldunberri, pero su nivel de esfuerzo es más alto que nadie para que todas las personas que cuida tengan el derecho a ser atendidas en euskera. Feli nació en Salamanca, a pesar de haber pasado muchos años en Tolosa. Muchos de esos años los ha dedicado a aprender euskera, en el euskaltegi, en el barnetegi de Errezil, en otros cursos... pero De Castro tiene claro que «los euskaldunzaharras se merecen hablar en su lengua. Para ellos es más fácil y les parece más cercano el trato que le ofreces si les hablas en euskera».

Los usuarios que trabajan en la sede de Tolosa son los que más han reforzado su práctica oral y afirma que «he aprendido más hablando con la gente. Así aprendes. Hay gente que hace euskara muy diferente a lo que he aprendido en el euskaltegi, pero nos adaptamos, nos entendemos y además muchos me dicen: en mi pueblo no se dice así, se dice 'in dot', yo lo he hecho cuando se lo dicen. En esos casos se esfuerza en decir como ellos aprendieron y ¡todos contentos!».

Destaca la actitud de De Castro. Dice que es parte de su trabajo. «Dicho poco en euskera, lo agradecen de corazón. Muchas veces no necesitan mucha versatilidad, con unas pocas palabras bastan y ellas están a gusto y te lo agradecen».