2014, la innovación y la salud económica

 

 
"Es una falacia pensar que la innovación genera salud económica, es la salud económica la que genera innovación. Como aquél entrenador que decía que el deporte no genera salud sino la salud deporte. Algo tan sencillo resulta en estos momentos de difícil lectura, se clama por la innovación, se dotan recursos pero…¿quién tiene salud económica suficiente como para afrontar estos riesgos con rentabilidad?. Parece que los maltrechos supervivientes de esta guerra económica, especialmente las pymes, innovamos poco y mal. 
 
Partiendo de nuestras capacidades actuales debemos valorar si estamos preparados para desarrollar innovaciones fluidas, si gestionamos con eficiencia su ciclo natural o entendemos la innovación como una mejora puntual que nos permite incentivar las ventas y sobrevivir. La respuesta es fácil, no estamos preparados. La salud tiene unos síntomas y la no salud también. El desconocimiento de los movimientos de los mercados rentables, el desdén por la fuerza de la competencia y la obsesión casi única por reducir costes han terminado por debilitar el desarrollo de las personas, ocultar el talento y reducir las expectativas de rendimiento financiero. Debilidades propias de un perfil de competencia bajo que impide una gestión de la innovación rentable. 
 
Se afirma que la innovación es el pilar básico de la competitividad en Euskadi, el índice Altran nos sitúa por encima de países como Suecia, Finlandia y Dinamarca. La inversión en I+D con respecto al PIB se incrementa en un 7,7% (2013). Pero las PYMES parecen una realidad independiente. De hecho, sabemos que fracasan el 70% de los proyectos con apuestas por la calidad, la reingeniería o el I+d+i. Podemos analizar por qué el ciclo de vida de las iniciativas de cambio radical es tan corto. Podemos intentar descubrir por qué somos incapaces de sostener la innovación, gestionar sus barreras y sus impulsores naturales. Las razones son muy claras: un liderazgo débil, la inercia de los equipos, los sistemas obsoletos de trabajo, la cultura centrada en el producto y no en la persona, la escasa apuesta por el desarrollo del talento y el pasar por alto las necesidades de los mercados y de los clientes.
 
Nuestro ajuste debe ser estructural. Los esfuerzos de las pymes deben ir dirigidos a escuchar a los mercados y construir la organización que necesitan, una empresa ágil y flexible en la que se prime el talento comercial. En este panorama, el líder tiene una tarea formidable por delante, una gran “aventura de exploración” en la que no está solo, cuenta con equipos dispuestos a comprometerse con el cambio y con profesionales con conocimiento suficiente, método y capacidad de impulso dispuestos a involucrarse en su proyecto. La buena salud de la competitividad y de la innovación llegará a nuestras empresas si priorizamos el conocimiento abierto y desarrollamos e incentivamos las ideas valientes y originales de nuestros clientes.  Lo demás es pura falacia y derroche lamentable."
 
Nerea Arrieta Jauregi
Directora Tasfor